La muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba, tal vez por inesperada, tal vez por haber ocurrido en mitad de una campaña electoral, se ha exagerado, hasta compararla con la pérdida de un Tótem de la República, o un Pater Patriae. Dicen que era profesor de Química, y que incluso llegó a escribir artículos publicados en revistas especializadas. El pasado miércoles, sin ir más lejos, se despedía de sus alumnos hasta un viernes que nunca llegaría. Tal vez llegó a creerse incluso él mismo que era un venerable profesor de Química Orgánica en la Facultad. No creo que fuese así. Fue un político. Puro y duro, desde el amanecer hasta el anochecer, y estoy seguro de que disfrutó y sufrió cada uno de los momentos que pasó a los mandos del Estado, desde el primero, en la Secretaría de Estado de Educación en el gobierno de Felipe González, a la Vicepresidencia en el de Rodríguez Zapatero. Para unos un príncipe de las tinieblas. Para otros un fontanero del poder. Para todos la encarnación misma de Maqu...